La historia de una lucha, por la verdad, por el amor y por la libertad.

jueves, 29 de octubre de 2009

Prólogo de Génesis (parte 2)

Con quince años la señorita había visto mucho más que buena parte de los mercenarios de la ciudad. Con todas y con esas, cuando se realizó verdaderamente en sus propósitos fue en vísperas de su decimoctavo cumpleaños. Olvido narrar que, desde que hubiese adquirido sus primeras armas, fue ampliando su arsenal hasta conseguir doce minúsculos cuchillos, un arco y un carcaj.

Pasó de los pequeños robos, a ser requeridos sus servicios para recuperar objetos o sustraerlos. La muchacha siempre iba embozada cuando se trataba de negocios. Cuando iba a los suburbios, no lo necesitaba. La gente sabía quién era y cómo había llegado a la ciudad. La habían visto crecer, y algunos, hasta la habían visto cazar. Sin embargo, nadie sabía su nombre, ni de donde venía, ni cuales eran sus propósitos. Sólo sabían de su hosco carácter y de su taciturnidad.
Los únicos que podían “presumir” de hablar con la joven eran el herrero y un escribano, que la proveían de armas y libros siempre que podían. En los demás, no se molestaba.

Por ello, justo cuando cumplió los dieciocho y llegaron unos forasteros a la ciudad tratando de imponer sus propias leyes, nadie hizo aspavientos cuando la muchacha soltó dos sonoras carcajadas y les dio la espalda dando visos de importarle un bledo lo que vociferaban. Estos gestos despertaron la cólera del trío de extraños, que prontamente asieron a la chica por ambas muñecas mientras que el tercero se colocaba frente a ella.

- ¿Se cree muy graciosa?
- Hmmm… Vamos a decir que han dicho unas frases muy divertidas. – dijo mirándolo directamente a los ojos – Ahora, tenga la cortesía de decirle a estos señores que me suelten. Soy una señorita muy delicada.

Muchos de los que estaban allí se rieron por lo bajo y se apartaron un poco: era preferible verla lanzar alaridos y soltar decenas de tacos en menos de un minuto. Si la chica se tornaba sarcástica, era que indudablemente pasaba a la acción.
Cuando sintió que la presión que ejercían los hombres en sus muñecas disminuyó apenas, dio un salto hacia atrás. Posó rápidamente la pierna derecha en el suelo y con la izquierda realizó un barrido que tumbó a uno de los que la apresaban. Aprovechando la distracción del segundo, tiró de su brazo, le hizo la zancadilla con su pie derecho, y de un codazo le envió junto a su compañero. Antes de que el tercero en discordia tuviera la ocasión de reaccionar, la jovencita puso sus manos en el suelo e impulsó sus pies hacia delante, golpeando su cabeza, dejándolo inconsciente en el suelo.
Los otros dos se iban levantando, y lógicamente asustados retrocedían sin dejar de mirar a la chica.

- Levanten a ese infeliz y llévenselo al lugar de donde vinieron. Que sea rapidito, ya que teneis prisa. – dijo con desprecio – Ah, y ya pueden ir abonando las molestias causadas a los principales damnificados… Entre los que, por supuesto, me encuentro yo.

Los allí presentes no abrieron la boca. Los maleantes repartieron las piezas de plata y cobre que llevaban encima a partes iguales, espabilaron a su camarada y se marcharon. La muchacha sonrió con satisfacción y sin mirar a nada ni a nadie más se marchó a la armería, donde adquirió vainas para sus doce cuchillas y cinco decenas de flechas. Luego fue a comprar tela para tratar de confeccionarse unos calzones que se ajustasen a ella perfectamente.

Ya con veinticuatro años era toda una “celebridad” en aquella ciudad al norte de Inglaterra. Y digo “celebridad” porque aquella mujer era una ladrona de guante blanco: silenciosa, pulcra, rápida y eficiente, sin duda, toda una eminencia en la materia del robo.
En cuanto a su destreza en las artes de la guerra, se podía decir con todo tino que la muchacha ganaba en los duelos por su agilidad, puntería, y por el preciso uso que le daba al factor sorpresa más que por su técnica y fuerza, las cuales, todavía tenía tiempo de mejorar. Y desde luego, le gustaba pasar sus horas libres en duelos, tomando algo en la taberna, o bien leyendo y escribiendo en su cabaña.


Sin embargo, su carácter seguía siendo hostil y desconfiado, era una chica difícil de tratar. Con las personas que mantenía un “trato diario” se mostraba un poco más conversadora e inclusive, educada y culta, pero tratándose de desconocidos, demostraba un amplio manejo del lenguaje burdo y malsonante. Los pocos que la pretendían, decían que esos rasgos conformaban su encanto natural, aunque a decir verdad, la mujer los asustaba.
En cuanto a su apariencia física, cabe mencionar que la fisonomía de la muchacha y su proporcionalidad tenían la principal característica de un buen vino: con cada año que pasaba, mejor se la veía. Su complexión era delgada, era asquerosamente pálida y su gesto estaba contraído siempre en una expresión de seriedad.

Su vida era lineal, rutinaria. No se quejaba, pero ella sentía que no había nacido para quedarse estancada en un lugar que no tenía pintas de expandirse o de albergar algo que pudiera llenar el vacío que tenía en su corazón. Hasta que un buen día, la suerte le guiñó un ojo…

miércoles, 28 de octubre de 2009

Prólogo de Génesis (parte 1)

Érase una vez, una feliz pareja.

Ella se llamaba Loira, tenía 24 años y era la hija del druida de su poblado. Él se llamaba Liam, y era el cazador más talentoso de toda Inglaterra. También era celta, sólo que pertenecía a otro clan. Tenía 26 años.

Se conocieron el día en que, por tradición, los druídas se reunían en los recónditos bosques de Escocia, acompañados hasta cierto tramo por el guerrero más hábil de cada tribu. Fue entonces cuando Emeth, hermano mayor de Loira, trabó una gran amistad con Liam, cosa que supuso que ese mismo atardecer regresara Emeth con Lucio y acompañado además por Liam y su protegido, el druída Sirius.

Ella era alta, esbelta y hermosa, además de ser extremadamente reservada, silenciosa y poco expresiva. Su cabello era negro y ondulado y sus ojos, como los de toda su tribu, eran de color miel intenso. Él era un hombre fornido, fuerte, y extraordinariamente ágil, de ojos grandes y azules, cuya mirada podía derretir un iceberg. De su carácter era bien conocido su gusto por la ironía y los inteligentes juegos de palabras.

Con un cruce de miradas, se enamoraron.

Al cabo de un año, nació la verdadera protagonista de esta historia.

Nació débil, a medianoche, con los ojos de su madre y la mirada de su padre. Cuando su abuelo la tomó en brazos, anunció una pronta muerte, y una extraña pero a la vez extraordinaria longevidad. Lástima que no pudiese augurar qué sucedería dentro de siete años.

Su infancia fue muy feliz, viviendo en contacto con la naturaleza, corriendo descalza por la hierba, jugando con el agua, observando el fuego al anochecer, dejándose acariciar por los rayos del sol… Los de la tribu la consideraban la viva encarnación de la naturaleza.

Al poco de cumplir siete años, la pequeña recibió una peculiar visita.
En medio de la noche, la respiración de una bestia frente a su cara fue lo que la despertó.
Aquel carnero blanco, sólo rozó su hocico contra su costado derecho, dejando una marca sospechosa en dicha zona. Al amanecer del día siguiente, se vio totalmente sola en medio de la campiña inglesa, y con la melena completamente blanca.

No le costó demasiado el habituarse a hablar inglés. Mucho más difícil fue empezar a escribirlo o leerlo. El hambre y la penuria que tuvo que pasar esa criatura los primeros meses no se puede describir de forma alguna. Gracias a la agilidad legada de su padre, tardó poco en aprender a robar para poder comer. Cuando llegó a tener ocho años, logró ahorrar una pequeña cantidad de dinero que le permitió empezar a construir una pequeña y humilde cabaña. Con diez años y medio y a base de sudor la terminó, con unos muebles improvisados, todos ellos tallados por ella.
En todo ese tiempo, la niña nunca se planteó porqué había sucedido eso. Tampoco intentó volver con los de su tribu, pues ese gesto, para ella, sólo significaba que no había sido una decisión tomada a la ligera.
Además, ahora, su preocupación era hallar heno y un par de mantas bastante gruesas para improvisar un camastro. Tenía claro que después de aquello, practicaría la lectura y la escritura, con la intención de perfeccionar como pudiese. Por fortuna, hasta los siete años recibió una rica formación en lenguas, eso sí, sólo habladas.
Su abuelo la instruyó en latín y en sus “dialectos”, además de enseñarla a defenderse con el anglosajón. También le enseñó a leer las runas, los vientres de algunas aves, y a dibujar unos extraños símbolos que, a su parecer, eran insignificantes y vanos.

Con trece años, ya estaba más que acostumbrada a moverse por los suburbios con total impunidad. De hecho, se rumoreaba que para cierto clan de rateros, la señorita comenzaba a ser una digna rival, cosa que cuando llegó a oídos de la niña no hizo más que preocuparla. Esto, unido a los extraños movimientos que podía percibir a los alrededores de su cabaña le hizo pensar en la posibilidad de adquirir algunas armas con el fin de defenderse.

Al día siguiente de haber tomado tal decisión, se personó en la armería, donde tuvo que alegar que venía de parte de su padre para adquirir un par de dagas, cuyas hojas tenían forma de medialuna. No eran gran cosa, pero cumplirían bien su cometido. Al mismo tiempo consiguió un cinturón con sendas vainas, y como regalo del tendero por ser la clienta más joven, unos vendajes. La niña no entendía mucho de armas, pero conservó esas vendas, no fuera a echarlas en falta algún día.

Pensó en iniciarse en el arte de la caza para saber cómo manejar sus dagas.
Inclusive trató de recordar cómo era que se instruía a los jóvenes cazadores, pero pronto llegó a la conclusión que la empujó a comenzar sus prácticas en el bosque.

Consiguió mejorar su rapidez y agilidad natas en ella, de hecho, hasta pudo cazar un par de cervatillos de los que se alimentó durante bastante tiempo. Aún así, tuvo la idea de visitar más a menudo los suburbios, e incluso, empezar a hacerlo de noche.
Si ya de por sí se había habituado a presencias escenas violentas y a salir de situaciones difíciles… ¿Qué mejor entrenamiento había?
De este modo, la desconfianza inherente que sentía por todo cuanto la rodeaba, se vería revertida de un modo positivo en defensa…

martes, 27 de octubre de 2009

Presentación

Escribir las primeras líneas de una historia siempre es algo difícil.
Tratándose de la primera página de un blog que acogerá una historia, no se me simplifican las cosas... Pero no quiero ser negativa, todo nuevo proyecto debe ser tratado con cariño e ilusión.
Hablo con ilusión de este proyecto, mis más allegados sabeis que llevo tiempo guerreando para ver si era capaz de darle algún espacio que mereciese la pena y creo que este, sino es el mejor lugar, por lo menos es el más adecuado por ahora... Me gustaría acabar encuadernando o editando este proyecto.

Aquí comienza una historia que tiene un único derrotero, la libertad. De expresión, de habla, de religión... De cualquier clase. Es una historia ficticia, con ciertos tintes religiosos e históricos, pero recuerdo que es puramente fantasía, cualquier coincidencia con la realidad (si la hubiera) no es premeditada. También indico que, consta de tres partes: Génesis, Éxodo y Apocalípsis.

Sólo espero que tanto si os gusta, como si no, me dejeis vuestras críticas, que seguro serán enriquecedoras para mejorar el relato.

Gracias por la atención, y mañana colgaré los primeros párrafos de Génesis.

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